“Reflexiones de la arteterapia como espacio de resistencia”

La sensibilidad en la que nos envuelve el arte es el recordatorio de que la vida misma es una expresión de este, pues desde la simpleza que puede resultar el respirar se abre un mundo entero de posibilidades para crear. Somos esencia, somos energía, somos mas que materia viva, las emociones que bailan sobre nuestro ser, en ocasiones suelen quedarse estancadas, pareciera que les gusta tanto habitar y entonces, crean su hogar dentro de nuestro cuerpo, la cuestión es, que como su origen es el movimiento, al trazar esas raíces en el adentro de nuestra piel, se encarna la emoción y pierde su esencia.

Poco a poco la que somos nosotras mismas, se esfuma con ellas. El arte llega como método de resistencia, más allá de lineamientos estructurados que buscan analizar nuestras capacidades de mostrarnos, la delicadeza y consciencia que tiene el bailar de puntillas, entonces, se disfruta, contraponiéndose a la espera de una validación externa.

La vibración que emana de las huellas dactilares florece melodías que purifican con ondas, espacios condicionados a seguir pautas y ritmos que dicen ser limpios, pero que no van más allá de la percepción estructurada.

Aprendemos a trasmutar la emoción, a través de la experiencia que nace a partir de la paleta infinita de los colores que nos componen, sin buscar darle forma, se transforma la energía que pareciera estar perdida, encuentra su puerta, abriendo el dialogo con lo que en algún momento creímos mudo, así nuestros cuerpos sanan, con el arte de la terapia que nos acompaña en el proceso de la observación con compasión, de la aceptación con amor y de la integración de la expresión.

Autora: Hernández Gutiérrez Karina Daniela

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